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Julio Salazar
Mi Nombre es Julio. Soy un creyente en Jesucristo que hace 11 años fui rescatado, por el poder de Dios, de la drogadicción.
Estuve 12 años atrapado en la esclavitud que representa el consumo de drogas y todas las consecuencias y malos hábitos que ese tipo de vida trae de sí: manipulación, co-dependencia, robos, negocios ilícitos, inestabilidad emocional, inestabilidad laboral, baja autoestima, entre otros; pero hoy puedo dar testimonio de que a pesar de ser quién era, Dios me amaba y me había perdonado completamente tomando mi lugar en la cruz; porque, no fue, sino hasta que entendí, que el que debió ser condenado a la cruz era yo, por todo lo que había hecho, pero Dios mostró su amor por mí, en que siendo yo aún pecador, él había muerto para perdonarme y darme una nueva vida.
Ahora estoy experimentando la abundancia de vivir no sólo libre de las drogas, sino de actitudes compulsivas y adictivas. Puedo decir con plena conciencia, que Cristo ha hecho de mi una nueva criatura, que las cosas viejas pasaron y ahora todo es hecho nuevo y que esta vida está al alcance de todo aquél que en él (Jesús) cree. Mi vida no tenía propósito, pero ahora soy un instrumento de Dios ayudando en la recuperación de otros, que piensan que no tienen esperanza. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre y, su poder pudo restaurarme por completo del hoyo en que estaba: ¿crees que puede hacerlo contigo?
Mertis Bennett (*)
Mi nombre es Mertis. soy creyente en Jesucristo desde hace 22 años; y estoy celebrando la maravillosa recuperación, que sólo pudo ser posible en mi vida por la gracia y amor de Dios y, de muchas amistades y familiares. Con su ayuda pude comprender, hace un tiempo atrás, que mi vida había llegado a ser inmanejable y, que mi esperanza de restauración estaba en que me rindiera voluntariamente a su cuidado.
Todo este proceso, comenzó a raíz de mi divorcio y de las consecuencias que la crisis de mi matrimonio había traído; y aunque en el peor momento de mi vida, me encontraba lejos de mi familia, iglesia y amigos, porque recién, mi ex-esposo y yo, habíamos emigrado a otro país; y, la soledad, confusión, temor e ira, fueron algunas de las crueles expresiones del dolor en mi corazón; pude ser restaurada por el fiel amante de mi alma: Jesucristo, quien no solo cambió toda mi tristeza en baile, sino que trajo esperanza y sanidad a mi corazón y al de mi familia.
Hoy estoy ayudando a otras mujeres en su proceso de restauración y celebrando con ellas su recuperación solamente posible en el Señor. Por último les comparto Isaías 54: "porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo”.
Thaís Salazar
Mi nombre es Thaís y soy una creyente en Jesucristo, que ha sido restaurada de la adicción a la aprobación. Cuando conocí a Jesús como mi salvador y, entendí que su amor y su gracia eran suficientes para cubrir todos mis pecados, fue apenas el inicio de una vida plena, que me llevaría de triunfo en triunfo.
Como consecuencia de haber crecido en un hogar disfuncional, era una constante en mí el resopnsabilizar a otros de mis acciones. Estaba convencida de que el abandono de mi papá era el causante de todo mi dolor, de mis temores y de mis complejos; hasta que entendí que enfrentando la realidad de cómo me sentía, podía comenzar a transitar el verdadero camino de mi restauración. Fue así como aprendí a salir de mi negación, y por primera vez entendí que yo no podía controlar ni cambiar algunas circunstancias ni personas, pero que sí podía obtener de Dios la sabiduría y la serenidad para entender y aceptar mi responsabilidad en aquello que lo requería, por ejemplo; perdonar, no esperar la aprobación y aceptación de otros para sentirme segura y no jugar el papel de Dios tratando de salvar a otros.
Puedo decir que la gracia de Dios me ha hecho libre de este mal hábito y, lo mejor de todo es que el que comenzó en mí la buena obra (como dice la Biblia en Filipenses 1:6), la perfeccionará hasta el día de Jesucristo, porque el Señor, en su fidelidad, me sigue mostrando debilidades y pecados que quiere sacar de mi vida, para que pueda ser como la luz de la aurora, la cual va en aumento hasta que el día es perfecto (Proverbios 4:18). Este es el Dios a quien sirvo y, por el cual no bajo la guardia. No soy perfecta y todavía batallo con defectos de mi caráacter, pero tengo de Dios el poder para vencer un día a la vez.
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